Lo más parecido a la felicidad
Empiezo a aprender a vivir así, sin ti, sin tu compañía, con mi soledad. No es fácil, pero supongo que el ser humano acaba adaptándose a todo.
Ahora me ha dado por pensar en todas las veces en las que he sentido algo parecido y en cómo tu siempre has vuelto a mi vida y en el daño que me ha hecho eso. Cada vez que me acostumbro a tu ausencia vuelves para llenar de nuevo mi vida con tu luz. Pero siempre acabas por irte de nuevo, por desaparecer como ahora. Y vuelve el dolor. Otra vez la agonía. Cada vez peor que la anterior.
A día de hoy ya no me pregunto de quién es la culpa ni por qué nos pasa esto. Sólo quiero saber si no sería mejor no volver cuando ya me he acostumbrado a vivir sin ti, cuando ya he pasado lo peor. Prescindir de los buenos momento para poder evitar los malos.
Tal vez sólo sea una idea estúpida. Una idea que probablemente desaparecerá si vuelves en el mismo segundo en el que regreses a mi vida. Pero aún así no puedo evitar pensarlo. Es más que probable que lo mejor para mí, para mi alma, para mi corazón, para mi estado de ánimo sea olvidarme de todo definitivamente. Actuar con la cabeza y no con el corazón y tratar de ser feliz rehaciendo los escombros de lo que un día fue mi vida, antes de que aparecieras tú. Pero no sé si seré capaz.
A día de hoy ya no sé si rezar para que vuelvas o si por el contrario hacerlo para que no lo hagas jamás. Toda esta historia es tan difícil, tan terriblemente complicada que ya no sé si me quedan fuerzas para seguir. Ahora siento que empiezo a estar bien, que puedo seguir viviendo a pesar de tu ausencia, aunque ello suponga no conocer una verdadera felicidad. Estoy tan cansada que ahora mismo ya lo único que quiero es estar bien, tranquila, descansar, recuperar mis fuerzas.
Tal vez esto sea lo más parecido a la felicidad que pueda conocer, tal vez deba empezar a entender que debería conformarme con la simple tranquilidad.