Autoengaño

A día de hoy he perdido el norte. Y el sur, el este, el oeste… Mejor dicho, nunca he sabido demasiado bien dónde estaban, mi brújula siempre ha estado un poco jodida, la verdad. Pero ahora… Ahora no es un poco, no, ahora es muchísimo. De pronto me he dado cuenta que el esfuerzo de los últimos días por sacarte de mi mente, la tristeza del final y todo eso en realidad no era más que una especie de autoengaño. Un autoengaño con un fin más que claro, recuperar lo que las horribles circunstancias que rodean este conato de relación que tu y yo hemos mantenido durante un año habían hecho que perdiera.

Ahora resulta que de pronto me doy cuenta de que no quiero olvidarte, sino recuperarte. Pero recuperarte del todo, como antes, como siempre, como cuando aún manteníamos la esperanza de que esta especie de fantasía que es nuestra relación es posible. Y parece que esta estrategia planeada por mi retorcida mente sin el consentimiento de mi corazón surte efecto. El brillo ha vuelto a mis ojos y ha aparecido en mi gesto algo semejante a una sonrisa. No acabo de asumir que todo lo que haces tenga un efecto tan rápido y directo sobre mí, pero lo tiene.

¿Y a qué viene esta alegría? Pues, simple, te has enfadado. Sí, te has enfadado conmigo. Mucho, muchísimo. Y eso implica muchas cosas, como que aún te importa lo que pase entre nosotros, que aún te importo. Y ahora que ya soy consciente de lo que pretendo (de lo que realmente quiero, independientemente de las apariencias que yo misma me he llegado a creer), se trata de simplemente tratar de conseguirlo. Así que, analicemos la situación, avancémonos a los hechos y… ¡¡¡hagamos un plan!!!

Escribe un comentario