Autoengaño III: ciencia ficción

Imaginemos, aunque sea sólo por un momento que te conozco tan bien como creo, que conozco tus reacciones y pensamientos, tu manera de sentir y de reaccionar, que no tienes secretos para mi. Imaginémoslo y pensemos cómo debe de haber sido esto para ti, cómo has vivido tu esta situación…

…Te dolieron mis palabras. Además no hablaba claro (nunca lo hago) siempre le doy mil vueltas a las cosas, cómo se supone que debes tú saber qué espero yo con esa conversación. Una conversación que, por cierto, estaba más que fuera de lugar. ¿Cómo pretendo que reacciones cuando te recuerdo que el día que te armaste de valor para decirme que me querías yo me quedé callada? ¡¡¡Te rechacé!!! Te hice pensar que estaba loca por ti y no era así, porque te rechacé. Y luego yo pretendía que todo siguiera como si nada, que fuéramos amigos y encima a veces aún te liaba, aún creías ver signos que te podían hacer pensar que te quería ¿estaba jugando contigo, o te quería? La verdad es que no hay quién me entienda… Y ahora que por fin parece que podemos mantener una buena relación a pesar de que YO te hubiera rechazado (porque lo hice y eso no se perdona fácilmente) , voy y saco otra vez el temita. ¡Qué pretendía. Humillarte? Es evidente que sí, porque encima te pido consejo sobre algo que a ti te destrozó por dentro… No me entero de nada, soy imbécil, no me merezco que lo estés pasando así de mal por mi, no te merezco…

Es evidente que te enfadaste mucho y con motivo. No estabas dispuesto a seguir con esa conversación y menos cuando parecía evidente que yo no quería ser del todo sincera contigo. Dejaste de hablar conmigo, te fuiste, cabreado y decidiste que debería arrastrarme mucho para que me perdonaras esta vez. Bueno, siempre he conseguido que se te pasaran los enfados, ¿no? Esta vez no tenía por qué ser diferente. Yo la había cagado, a mí me tocaba buscarte.

Pero no te busqué. No lo hice porque a mí también me dolió y me enfadé y decidí olvidarte. ¿Qué buscaba yo? Pues una manera para decirte que yo también te quiero. Buscaba que me dieras pié, pero no lo hiciste. Me dolió, me ofendí, me enfadé y decidí olvidarte. Tu has estado esperando, esperando a que yo de señales de vida. No en vano está claro que eso era lo que debía hacer, pues mi cagada había sido muy grande, y aún así iba a costarme mucho que me perdonaras, que todo volviera a ser igual. Pero no hice nada de lo que se suponía y tu cabreo aumentó en lugar de menguar. Ayer ya fue el colmo. Era evidente que era el día indicado, que por fin había decidido volver a aparecer, pero… ¡¡¡No lo hice!!! Desaparecí de nuevo, te ignoré, no te dije nada… Sí, eso era el colmo, por ahí si que no pasabas, así que… ahora ibas a desaparecer tu. Se acabó, no sólo ibas a darme mi propia medicina, sino que me sacarías de tu vida, me olvidarías. ¡¡¡Se acabó!!!

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