Autoengaño II: Un poco de historia
Quedamos en que debíamos hacer un plan ¿verdad? Bien, pues, vamos por partes, pensemos… ¿qué ha pasado? ¿cómo está ahora la situación? ¿cómo has reaccionado? ¿cómo es posible que reacciones a continuación? ¿qué debo hacer para conseguir lo que quiero?.
La primera respuesta es muy simple. Te hartaste de la situación y en lugar de intentar salvarla decidiste saltar del barco antes de que éste se hundiera. En ése mismo instante yo (asustada como estaba) decidí que lo mejor que podía hacer ante tan catastrofista perspectiva era salir corriendo lo más lejos que pudiera de ti… Eso fue, si la memoria no me falla, durante el mes de septiembre. Resultado: el contrario al esperado. Ni tu fuiste capaz de abandonar el barco, ni yo de salir corriendo cual Forest Gump. Al final ambos nos quedamos el uno junto al otro, disimulando como si no pasara nada, como si nadie hubiera reconocido lo evidente, como si no estuviéramos enamorados hasta las trancas. Todo disfrazado de amistad, disimulando el sufrimiento a causa de la distancia, de la imposibilidad de hacer nada, de conseguir nada.
Un sufrimiento que cada día era más insoportable, que nos hacía mentirnos el uno al otro, hacernos daño por no poder hacernos bien, por no poder estar juntos. A veces, a pesar de todo, aún había momentos bellos, de aquellos inolvidables, que nos hacían continuar. A veces nos asustábamos de acercarnos demasiado otra vez, de volver a confesar lo inconfesable y nos alejábamos. Siempre por poco tiempo, siempre para volver. Cada día peor que el anterior, cada minuto más triste, cada palabra más dolorosa y al final, una nueva confesión. Tarde o temprano tenía que pasar, lo que no pensaba es que en esta ocasión fuera yo quien sacara el tema, quien lo dijera todo, quien lo pusiera sobre la mesa. Te dolió, lo sé. Pero a mi me dolió tu reacción. La conversación acabó de golpe y cada uno se fue por su lado. Desde entonces, nada más.
Ha pasado algo más de una semana desde entonces. El primer día lloré, el segundo me enfadé y te odié con todas mis fuerzas, poco a poco empecé a recuperarme del golpe (del nuevo golpe) pero no a un bajo precio. Para poder levantar cabeza de nuevo renuncié a todo, quise olvidar el pasado, negar mis sentimientos y las evidencias, empezar de cero. Fue en ese momento, cuando la tristeza que surgió de esa reacción se hizo insoportable, cuando empecé a escribir y poco después cuando empecé este bloc.
Es evidente que sé cómo han sido para mí estos días. Pero ésta es la primera vez que me planteo cómo lo habrás pasado tú, ¿qué habrá pasado por tu cabeza? ¿qué habrás sentido? ¿cómo estás? Es difícil saberlo, pero te conozco bien y tengo una gran ventaja, esto no es la primera vez que nos pasa. Así que, haré un poco de ciencia ficción e intentaré averiguar qué te ha pasado a ti, cómo lo has vivido tu.