Ideas de pirómano

Básicamente todo sigue igual. Aún te echo de menos y el sufrimiento no se hace más llevadero. Pero al menos he descubierto algo nuevo, el alcohol no soluciona nada. Por borracha que esté (y ayer por la noche doy fe de que lo estuve mucho) no consigo que desaparezcas de mente. Sí, todo se vuelve borroso a medida que el alcohol hace efecto, todo menos la maldita imagen de ti que guardo en mi maldito recuerdo.

A veces pienso que tal vez si un golpe en la cabeza me hiciera perder la memoria, aunque sólo fuera la de este último año, todo sería mejor, más fácil. O si inventaran una pastillita o una inyección para hacer olvidar… Sí, así realmente habrías desaparecido de mi vida y no como ahora que sólo te he apartado en apariencia mientras a cada rato sigo muriendo por ti.

Qué jodida es la vida cuando nos empeñamos en complicarla. Y yo en eso soy una experta. Hace una media hora me he dado cuenta de que mi inconsciente me ha jugado una mala pasada. No se me ha ocurrido otra cosa que organizarme un viaje de semana santa. Así me despejaré y me ayudará a olvidar, he pensado. Sí, sí, pienso mucho. Y el planteamiento no hubiera estado mal sino fuera porque no se me ha ocurrido otra cosa que irme de vacaciones a tu ciudad. Sí, a tu maldita ciudad. A esto se le llaman ideas de bombero, o más bien de pirómano, porque claro, es más que evidente que la idea que cobijaba mi cabeza no era otra que la de tener esperanza en la maldita casualidad.

Supongo, sin temor a equivocarme que la parte más macabra de mi cerebro, en estrecha colaboración con el estúpido de mi corazón, ha creído que si de verdad estamos destinados a estar juntos (jajajaja, permíteme que me parta de la risa…) la casualidad, la serendipia o lo que sea, hará que nos encontremos. Me imagino algo así como un encuentro en mitad de una calla repleta de gente. Tu pronuncias mi nombre, nuestras miradas se cruzan y… mi acompañante rompe el romanticismo con el consabido “¿no nos presentas?” Sí, ideas de pirómano.

Espero que ni la casualidad, ni la serendipia, ni el destino macabro nos crucen durante esos cuatro días (mientras por dentro rezo para que sí lo hagan). Espero poder seguir manteniendo intacta la poca dignidad que me queda, mientras calculo mentalmente los gastos de anulación de este estúpido viaje.

En definitiva, la semana que viene iré a buscarte, esperando desesperadamente no encontrarte, mientras espero que mis esperanzas queden en nada. Entonces rezaré por un milagro que haga que todo se arregle, que de pronto todo esté claro y sea fácil, que desaparezcan los obstáculos, nos amemos y vivamos felices. Ay! No sabía que podía llegar a ser así de estúpida… mejor me dejo de tontería y vuelvo a la realidad.

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