De hoy en adelante…

He decidido sacarte de mi alma, de mi corazón y de mi cabeza. Ya no hay espacio en mi vida para ti. Te arrancará como se arrancan las malas hierbas y volveré a la vida que se supone me corresponde. Será como si nada hubiera pasado, como si nunca nos hubiéramos conocido, como si jamás te hubiese querido con toda mi alma.

Desde hoy cada día me alejaré un poco más de ti. Me lo repito una y mil veces en voz alta mientras mi mente me desafía y delata diciéndome entre risas “no serás capaz” Y es que hoy hace un año _ Cómo pasa el tiempo ¿verdad?_ Desde aquella noche de marzo en la que comenzamos a conocernos has sido como una droga. Te probé y desde entonces he querido más de ti a cada instante. Desde entonces, jamás he podido dejarte. Y ahora intento engañarte (engañarme) gritando a los cuatro vientos que nunca más…

A ratos, cuando se me pasa el enfado que desde ya hace tiempo tengo contigo aunque tu no lo hayas notado, pienso en que tiene su gracia que me cabree porque no sabes lo que quieres, si yo soy la primera que tampoco tiene ni idea. Estás tan lejos, todo es tan difícil, que esto que empezó siendo un bonito sueño comienza a parecerse a una horrible pesadilla.

La culpa es de ambos ¿sabes? Los dos seguimos con este cuento aún a sabiendas de que nos estábamos enamorando. No queríamos parar (no, yo tampoco quería, lo confieso ahora, que sé que ya es tarde). Ahora me siento mal por pensar que estás con ella y me pregunto cómo puedo ser tan hipócrita si yo en ningún momento he dejado de estar con él. Nos hemos complicado la vida porque hemos querido. Por no decirnos toda la verdad (o a veces por decir más verdades de las que en ese momento hacían falta)

Ahora estás con ella y no me sirve saber que me quieres a mi si no vas a demostrármelo como antes. Ahora que parece que ya tienes claro lo que tantas veces traté de hacerte entender (no puede ser, sólo somos amigos, mejor dejar las cosas como estás…), me doy cuenta de cuánto me duele. Sí, aún sigo pensando que es lo mejor, por eso me alejaré, al menos un tiempo, aunque mi intención sea ya nunca volver.

Supongo que los sueños (acaben o no por convertirse en pesadillas) tienen un rasgo en común: al final, uno siempre despierta.

Escribe un comentario