Lo más parecido a la felicidad

Publicado en Cartas al viento con etiquetas , , , , el 17, Marzo, 2008 por neftis

Empiezo a aprender a vivir así, sin ti, sin tu compañía, con mi soledad. No es fácil, pero supongo que el ser humano acaba adaptándose a todo.

Ahora me ha dado por pensar en todas las veces en las que he sentido algo parecido y en cómo tu siempre has vuelto a mi vida y en el daño que me ha hecho eso. Cada vez que me acostumbro a tu ausencia vuelves para llenar de nuevo mi vida con tu luz. Pero siempre acabas por irte de nuevo, por desaparecer como ahora. Y vuelve el dolor. Otra vez la agonía. Cada vez peor que la anterior.

A día de hoy ya no me pregunto de quién es la culpa ni por qué nos pasa esto. Sólo quiero saber si no sería mejor no volver cuando ya me he acostumbrado a vivir sin ti, cuando ya he pasado lo peor. Prescindir de los buenos momento para poder evitar los malos.

Tal vez sólo sea una idea estúpida. Una idea que probablemente desaparecerá si vuelves en el mismo segundo en el que regreses a mi vida. Pero aún así no puedo evitar pensarlo. Es más que probable que lo mejor para mí, para mi alma, para mi corazón, para mi estado de ánimo sea olvidarme de todo definitivamente. Actuar con la cabeza y no con el corazón y tratar de ser feliz rehaciendo los escombros de lo que un día fue mi vida, antes de que aparecieras tú. Pero no sé si seré capaz.

A día de hoy ya no sé si rezar para que vuelvas o si por el contrario hacerlo para que no lo hagas jamás. Toda esta historia es tan difícil, tan terriblemente complicada que ya no sé si me quedan fuerzas para seguir. Ahora siento que empiezo a estar bien, que puedo seguir viviendo a pesar de tu ausencia, aunque ello suponga no conocer una verdadera felicidad. Estoy tan cansada que ahora mismo ya lo único que quiero es estar bien, tranquila, descansar, recuperar mis fuerzas.

Tal vez esto sea lo más parecido a la felicidad que pueda conocer, tal vez deba empezar a entender que debería conformarme con la simple tranquilidad.

Sólo un sueño…

Publicado en Cartas al viento con etiquetas , , , , , el 14, Marzo, 2008 por neftis

Condenada a quererte, a amarte, a esperarte y a sufrir por ti… Esta noche he soñado contigo. Ha sido hermoso, no quería despertar. Estábamos juntos.

Era perfecto, increíble… éramos felices. Parecía tan real que sólo podía ser un sueño, al darme cuenta de ese detalle me he despertado. Sí, había sido un sueño y sí ya estaba despierta, pero podía sentir tu olor en mi piel, recordar el tacto de tu cuerpo, el roce de tus manos, aún notaba el calor de tu cuerpo que en mi sueño había estado tan cerca de mi…

Cómo, después de haber sentido todo eso, que me ha parecido tan real, puedo afrontar la verdadera situación que hay entre nosotros en estos momentos. ¿Cómo puedo así de repente puedo seguir con mi vida, en la que tu no estás?

No sé si preferiría no haber despertado de este sueño o mejor no haberlo tenido nunca. Ahora no te saco de mi cabeza, tu imagen está ahí, instalada. Tu rostro a sólo unos centímetros de mi y tus ojos fijos en los míos. Nuestras manos entrelazadas, el suave tacto de tu piel, tu olor, tu calor… Tan bello, tan doloroso volver a la realidad.

Autoengaño IV: ¿y ahora qué?

Publicado en Cartas al viento con etiquetas , , , , el 13, Marzo, 2008 por neftis

Así están las cosas: primero te enfadas, luego me enfado, te enfadas tu otra vez, me enfado yo de nuevo, decido sacarte de mi vida y a consecuencia de ello me sacas tu de la tuya. Situación actual, pues, enfado de cabezotas sin remedio. Así, a primera vista y teniendo en cuenta que en el ejercicio de ciencia ficción haya acertado realmente con tu interpretación de los hechos, parece evidente que la que debe acercarse e intentar solucionar las cosas soy yo ¿o no?

Pues tal vez no. Pensemos primero en qué quiero conseguir ¿volver a la insoportable situación de antes en plan “no pasa nada”? Pues no, la verdad. Lo que quiero es que de una vez por todas seamos capaces de hablar como dos adultos, de decirnos todo lo que nos tengamos que decir y decidir y el camino para conseguirlo no es precisamente quitarle hierro al asunto e intentar hacer las paces como si fuéramos dos niños chicos. Es más, eso ya lo hemos hecho varias veces y el resultado es evidente que no tiene nada que ver con lo esperado, así que debo pensar en qué hacer… cómo actuar.

Tal vez lo mejor sea quedarme quieta y esperar. Esperar y observar. Ver qué haces. La verdad, si yo no soy capaz de arrancarte de mi alma por un enfado (por muy grande que haya sido éste) dudo mucho que tu puedas hacerlo. Es más, estoy prácticamente convencida de que no aguantarás ni una semana así, aunque se suponga que el más tozudo de los dos eres tu… A pesar de que no soportes el alejamiento durante una más de una semana, tampoco te acercarás, te limitarás a espiarme, a ver que hago, si estoy, si no… Así que, más o menos, calculo que esta situación durará un mes, como mucho, mucho, mucho, muchísimo, dos meses. ¡¡¡Un mes!!! Desde hace un año no hemos aguantado más de una semana sin hablar, sin estar juntos, sin saber el uno del otro. Un mes así implica una circunstancia más que extraordinaria… Eso es lo que necesito, algo extraordinario, algo que no haya pasado nunca, algo lo suficientemente importante como para dar pié a la conversación que no puede mantenerse, que no debe mantenerse salvo que no haya más remedio. Sí, eso es lo que necesito!!!!

Autoengaño III: ciencia ficción

Publicado en Cartas al viento con etiquetas , , , , el 13, Marzo, 2008 por neftis

Imaginemos, aunque sea sólo por un momento que te conozco tan bien como creo, que conozco tus reacciones y pensamientos, tu manera de sentir y de reaccionar, que no tienes secretos para mi. Imaginémoslo y pensemos cómo debe de haber sido esto para ti, cómo has vivido tu esta situación…

…Te dolieron mis palabras. Además no hablaba claro (nunca lo hago) siempre le doy mil vueltas a las cosas, cómo se supone que debes tú saber qué espero yo con esa conversación. Una conversación que, por cierto, estaba más que fuera de lugar. ¿Cómo pretendo que reacciones cuando te recuerdo que el día que te armaste de valor para decirme que me querías yo me quedé callada? ¡¡¡Te rechacé!!! Te hice pensar que estaba loca por ti y no era así, porque te rechacé. Y luego yo pretendía que todo siguiera como si nada, que fuéramos amigos y encima a veces aún te liaba, aún creías ver signos que te podían hacer pensar que te quería ¿estaba jugando contigo, o te quería? La verdad es que no hay quién me entienda… Y ahora que por fin parece que podemos mantener una buena relación a pesar de que YO te hubiera rechazado (porque lo hice y eso no se perdona fácilmente) , voy y saco otra vez el temita. ¡Qué pretendía. Humillarte? Es evidente que sí, porque encima te pido consejo sobre algo que a ti te destrozó por dentro… No me entero de nada, soy imbécil, no me merezco que lo estés pasando así de mal por mi, no te merezco…

Es evidente que te enfadaste mucho y con motivo. No estabas dispuesto a seguir con esa conversación y menos cuando parecía evidente que yo no quería ser del todo sincera contigo. Dejaste de hablar conmigo, te fuiste, cabreado y decidiste que debería arrastrarme mucho para que me perdonaras esta vez. Bueno, siempre he conseguido que se te pasaran los enfados, ¿no? Esta vez no tenía por qué ser diferente. Yo la había cagado, a mí me tocaba buscarte.

Pero no te busqué. No lo hice porque a mí también me dolió y me enfadé y decidí olvidarte. ¿Qué buscaba yo? Pues una manera para decirte que yo también te quiero. Buscaba que me dieras pié, pero no lo hiciste. Me dolió, me ofendí, me enfadé y decidí olvidarte. Tu has estado esperando, esperando a que yo de señales de vida. No en vano está claro que eso era lo que debía hacer, pues mi cagada había sido muy grande, y aún así iba a costarme mucho que me perdonaras, que todo volviera a ser igual. Pero no hice nada de lo que se suponía y tu cabreo aumentó en lugar de menguar. Ayer ya fue el colmo. Era evidente que era el día indicado, que por fin había decidido volver a aparecer, pero… ¡¡¡No lo hice!!! Desaparecí de nuevo, te ignoré, no te dije nada… Sí, eso era el colmo, por ahí si que no pasabas, así que… ahora ibas a desaparecer tu. Se acabó, no sólo ibas a darme mi propia medicina, sino que me sacarías de tu vida, me olvidarías. ¡¡¡Se acabó!!!

Autoengaño II: Un poco de historia

Publicado en Cartas al viento con etiquetas , , , , , el 13, Marzo, 2008 por neftis

Quedamos en que debíamos hacer un plan ¿verdad? Bien, pues, vamos por partes, pensemos… ¿qué ha pasado? ¿cómo está ahora la situación? ¿cómo has reaccionado? ¿cómo es posible que reacciones a continuación? ¿qué debo hacer para conseguir lo que quiero?.

La primera respuesta es muy simple. Te hartaste de la situación y en lugar de intentar salvarla decidiste saltar del barco antes de que éste se hundiera. En ése mismo instante yo (asustada como estaba) decidí que lo mejor que podía hacer ante tan catastrofista perspectiva era salir corriendo lo más lejos que pudiera de ti… Eso fue, si la memoria no me falla, durante el mes de septiembre. Resultado: el contrario al esperado. Ni tu fuiste capaz de abandonar el barco, ni yo de salir corriendo cual Forest Gump. Al final ambos nos quedamos el uno junto al otro, disimulando como si no pasara nada, como si nadie hubiera reconocido lo evidente, como si no estuviéramos enamorados hasta las trancas. Todo disfrazado de amistad, disimulando el sufrimiento a causa de la distancia, de la imposibilidad de hacer nada, de conseguir nada.

Un sufrimiento que cada día era más insoportable, que nos hacía mentirnos el uno al otro, hacernos daño por no poder hacernos bien, por no poder estar juntos. A veces, a pesar de todo, aún había momentos bellos, de aquellos inolvidables, que nos hacían continuar. A veces nos asustábamos de acercarnos demasiado otra vez, de volver a confesar lo inconfesable y nos alejábamos. Siempre por poco tiempo, siempre para volver. Cada día peor que el anterior, cada minuto más triste, cada palabra más dolorosa y al final, una nueva confesión. Tarde o temprano tenía que pasar, lo que no pensaba es que en esta ocasión fuera yo quien sacara el tema, quien lo dijera todo, quien lo pusiera sobre la mesa. Te dolió, lo sé. Pero a mi me dolió tu reacción. La conversación acabó de golpe y cada uno se fue por su lado. Desde entonces, nada más.

Ha pasado algo más de una semana desde entonces. El primer día lloré, el segundo me enfadé y te odié con todas mis fuerzas, poco a poco empecé a recuperarme del golpe (del nuevo golpe) pero no a un bajo precio. Para poder levantar cabeza de nuevo renuncié a todo, quise olvidar el pasado, negar mis sentimientos y las evidencias, empezar de cero. Fue en ese momento, cuando la tristeza que surgió de esa reacción se hizo insoportable, cuando empecé a escribir y poco después cuando empecé este bloc.

Es evidente que sé cómo han sido para mí estos días. Pero ésta es la primera vez que me planteo cómo lo habrás pasado tú, ¿qué habrá pasado por tu cabeza? ¿qué habrás sentido? ¿cómo estás? Es difícil saberlo, pero te conozco bien y tengo una gran ventaja, esto no es la primera vez que nos pasa. Así que, haré un poco de ciencia ficción e intentaré averiguar qué te ha pasado a ti, cómo lo has vivido tu.

Autoengaño

Publicado en Cartas al viento con etiquetas , , , , el 13, Marzo, 2008 por neftis

A día de hoy he perdido el norte. Y el sur, el este, el oeste… Mejor dicho, nunca he sabido demasiado bien dónde estaban, mi brújula siempre ha estado un poco jodida, la verdad. Pero ahora… Ahora no es un poco, no, ahora es muchísimo. De pronto me he dado cuenta que el esfuerzo de los últimos días por sacarte de mi mente, la tristeza del final y todo eso en realidad no era más que una especie de autoengaño. Un autoengaño con un fin más que claro, recuperar lo que las horribles circunstancias que rodean este conato de relación que tu y yo hemos mantenido durante un año habían hecho que perdiera.

Ahora resulta que de pronto me doy cuenta de que no quiero olvidarte, sino recuperarte. Pero recuperarte del todo, como antes, como siempre, como cuando aún manteníamos la esperanza de que esta especie de fantasía que es nuestra relación es posible. Y parece que esta estrategia planeada por mi retorcida mente sin el consentimiento de mi corazón surte efecto. El brillo ha vuelto a mis ojos y ha aparecido en mi gesto algo semejante a una sonrisa. No acabo de asumir que todo lo que haces tenga un efecto tan rápido y directo sobre mí, pero lo tiene.

¿Y a qué viene esta alegría? Pues, simple, te has enfadado. Sí, te has enfadado conmigo. Mucho, muchísimo. Y eso implica muchas cosas, como que aún te importa lo que pase entre nosotros, que aún te importo. Y ahora que ya soy consciente de lo que pretendo (de lo que realmente quiero, independientemente de las apariencias que yo misma me he llegado a creer), se trata de simplemente tratar de conseguirlo. Así que, analicemos la situación, avancémonos a los hechos y… ¡¡¡hagamos un plan!!!

Ideas de pirómano

Publicado en Cartas al viento con etiquetas , , , , , el 12, Marzo, 2008 por neftis

Básicamente todo sigue igual. Aún te echo de menos y el sufrimiento no se hace más llevadero. Pero al menos he descubierto algo nuevo, el alcohol no soluciona nada. Por borracha que esté (y ayer por la noche doy fe de que lo estuve mucho) no consigo que desaparezcas de mente. Sí, todo se vuelve borroso a medida que el alcohol hace efecto, todo menos la maldita imagen de ti que guardo en mi maldito recuerdo.

A veces pienso que tal vez si un golpe en la cabeza me hiciera perder la memoria, aunque sólo fuera la de este último año, todo sería mejor, más fácil. O si inventaran una pastillita o una inyección para hacer olvidar… Sí, así realmente habrías desaparecido de mi vida y no como ahora que sólo te he apartado en apariencia mientras a cada rato sigo muriendo por ti.

Qué jodida es la vida cuando nos empeñamos en complicarla. Y yo en eso soy una experta. Hace una media hora me he dado cuenta de que mi inconsciente me ha jugado una mala pasada. No se me ha ocurrido otra cosa que organizarme un viaje de semana santa. Así me despejaré y me ayudará a olvidar, he pensado. Sí, sí, pienso mucho. Y el planteamiento no hubiera estado mal sino fuera porque no se me ha ocurrido otra cosa que irme de vacaciones a tu ciudad. Sí, a tu maldita ciudad. A esto se le llaman ideas de bombero, o más bien de pirómano, porque claro, es más que evidente que la idea que cobijaba mi cabeza no era otra que la de tener esperanza en la maldita casualidad.

Supongo, sin temor a equivocarme que la parte más macabra de mi cerebro, en estrecha colaboración con el estúpido de mi corazón, ha creído que si de verdad estamos destinados a estar juntos (jajajaja, permíteme que me parta de la risa…) la casualidad, la serendipia o lo que sea, hará que nos encontremos. Me imagino algo así como un encuentro en mitad de una calla repleta de gente. Tu pronuncias mi nombre, nuestras miradas se cruzan y… mi acompañante rompe el romanticismo con el consabido “¿no nos presentas?” Sí, ideas de pirómano.

Espero que ni la casualidad, ni la serendipia, ni el destino macabro nos crucen durante esos cuatro días (mientras por dentro rezo para que sí lo hagan). Espero poder seguir manteniendo intacta la poca dignidad que me queda, mientras calculo mentalmente los gastos de anulación de este estúpido viaje.

En definitiva, la semana que viene iré a buscarte, esperando desesperadamente no encontrarte, mientras espero que mis esperanzas queden en nada. Entonces rezaré por un milagro que haga que todo se arregle, que de pronto todo esté claro y sea fácil, que desaparezcan los obstáculos, nos amemos y vivamos felices. Ay! No sabía que podía llegar a ser así de estúpida… mejor me dejo de tontería y vuelvo a la realidad.

Un poco mejor

Publicado en Cartas al viento con etiquetas , , , , el 11, Marzo, 2008 por neftis

Un día más sin ti y por extraño que parezca hoy me siento optimista. No estoy tan triste ni me siento tan sola y aunque tu ausencia me sigue doliendo igual por primera vez creo que empiezo a estar segura de lo que estoy haciendo. Por primera vez siento de verdad que alejarme es de ti es lo mejor para ambos.

A pesar de todo, una parte de mi cree que simplemente me estoy engañando, que mi corazón alberga la esperanza de una solución casi imposible y caída del cielo. Sólo espero que el paso de los días (de los meses) haga su trabajo y que lentamente tu recuerdo se transforme en algo borroso, como sacado de algún sueño.

Hasta ese día, aprenderé a vivir con la imagen de ti que guardo en mi pecho, en mi mente y en mis labios. Aprenderé a respetar tu recuerdo y a seguir mi vida con él. Todo es un poco más pesado, ya lo sabes. Cada pequeño gesto me cuesta el doble de esfuerzo desde que tu no estás. Perderte (o perderme, no sé muy bien cómo decirlo) me ha hecho comprender que realmente tu me dabas fuerzas. Ahora hay cosas que veo tan claras y que antes a penas veía, que ignoraba…

Las noches son ahora tan largas. Tu ausencia resuena en mi habitación como un eco a ratos parece enloquecerme. Pero sigo firme en mi propósito, esta vez no volveré a buscarte. Tal vez lo peor que pueda ocurrir es que hayamos perdido la oportunidad de ser felices, tal vez lo mejor, es que la vida aún nos guarde una sorpresa.

¿Lo ves? Ya estoy creándome falsas esperanzas que no sirven más que para alargar mi agonía. La cruda realidad es que ni tu ni yo nos merecemos el sufrimiento que nos hemos provocado. No sé qué habrá significado esta historia para ti, pero en mi caso puedo decir que lo mejor que me ha ocurrido se ha transformado en el dolor más profundo que jamás he podido sentir.

La distancia iba a matarnos. Ambos lo sabíamos y seguimos con todo hacia delante. Ahora yo ya estoy muriendo y no tengo más remedio que renunciar a ti para salvar mi maltrecha vida. Menuda jugada más tonta nos ha hecho el destino. A pesar de esto, que te cruzaras en mi camino ha sido lo más hermoso que he vivido en mucho tiempo.

Un día más, pues, un poco menos de peso en el corazón. Algo imperceptible. Sigo pensando en ti, dando cada uno de mis pasos acompañada por tu recuerdo.

De hoy en adelante…

Publicado en Cartas al viento con etiquetas , , , , , , el 10, Marzo, 2008 por neftis

He decidido sacarte de mi alma, de mi corazón y de mi cabeza. Ya no hay espacio en mi vida para ti. Te arrancará como se arrancan las malas hierbas y volveré a la vida que se supone me corresponde. Será como si nada hubiera pasado, como si nunca nos hubiéramos conocido, como si jamás te hubiese querido con toda mi alma.

Desde hoy cada día me alejaré un poco más de ti. Me lo repito una y mil veces en voz alta mientras mi mente me desafía y delata diciéndome entre risas “no serás capaz” Y es que hoy hace un año _ Cómo pasa el tiempo ¿verdad?_ Desde aquella noche de marzo en la que comenzamos a conocernos has sido como una droga. Te probé y desde entonces he querido más de ti a cada instante. Desde entonces, jamás he podido dejarte. Y ahora intento engañarte (engañarme) gritando a los cuatro vientos que nunca más…

A ratos, cuando se me pasa el enfado que desde ya hace tiempo tengo contigo aunque tu no lo hayas notado, pienso en que tiene su gracia que me cabree porque no sabes lo que quieres, si yo soy la primera que tampoco tiene ni idea. Estás tan lejos, todo es tan difícil, que esto que empezó siendo un bonito sueño comienza a parecerse a una horrible pesadilla.

La culpa es de ambos ¿sabes? Los dos seguimos con este cuento aún a sabiendas de que nos estábamos enamorando. No queríamos parar (no, yo tampoco quería, lo confieso ahora, que sé que ya es tarde). Ahora me siento mal por pensar que estás con ella y me pregunto cómo puedo ser tan hipócrita si yo en ningún momento he dejado de estar con él. Nos hemos complicado la vida porque hemos querido. Por no decirnos toda la verdad (o a veces por decir más verdades de las que en ese momento hacían falta)

Ahora estás con ella y no me sirve saber que me quieres a mi si no vas a demostrármelo como antes. Ahora que parece que ya tienes claro lo que tantas veces traté de hacerte entender (no puede ser, sólo somos amigos, mejor dejar las cosas como estás…), me doy cuenta de cuánto me duele. Sí, aún sigo pensando que es lo mejor, por eso me alejaré, al menos un tiempo, aunque mi intención sea ya nunca volver.

Supongo que los sueños (acaben o no por convertirse en pesadillas) tienen un rasgo en común: al final, uno siempre despierta.